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Crónica sobre la vida y el trabajo manual de las Hermanas Sacramentinas
El Recurso de la Oración
Sobre la callecita de cemento que conduce a la Casa, la calidez del sol se encarga de bañar la variedad de plantas y flores que lo adornan. Es la hora de la siesta y una paz inmensa trae la brisa de la tarde. El lugar cobra una suerte de oasis en medio de la rutina habitual de las tareas del Cottolengo. Allí, en ese lugar, preparado para degustar de la oración, el silencio y la contemplación, viven dos religiosas de la comunidad de Hermanas Sacramentinas Ciegas. Residen hace ya un año entre las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad.
Las Hnas. Margarita y Verónica llegaron para inundar de aire nuevo la vida de todos con su oración cotidiana: cada día reciben numerosos pedidos de la gente.
Vida sencilla de trabajo y estudio
Desde un extremo de la casa ingresamos por la cocina, de amplia luminosidad. Y nos trasladamos a la sala de reuniones donde reciben las visitas. Una computadora simple y común está activa en una esquina. Es que la Hna Margarita ha decidido aprender a manejar el ordenador.
Desde el año pasado está aprendiendo gracias a un programa especial diseñado para no videntes. Denota entusiasmo y esmero en querer aprender. Me viene a la memoria las palabras de San Luis Orione sobre “caminar a la cabeza de los tiempos”. Llenas de humildad y entusiasmo también muestran el fruto de otros trabajos: la fabricación de rosarios y denarios. Sumado a medallitas y pins de San Luis Orione. Una “empresa” que merece conocerse. Entre la variedad de rosarios se hallan los que, esmeradamente, fabrican con semillas de una planta que ellas conocen como “lágrimas de Job”.
De características particulares, la semilla no necesita lustrarse y se obtiene intacta de la misma planta. Cada rosario tiene un color especial de acuerdo al cultivo regulado de la virtuosa planta. “El sol es lo que les da el color particular. Si queremos más oscuras debemos dejarlas más al sol, y más claritas: menos sol.”, dice sencillamente la hermana Margarita. Su labor es de admirar ya que si bien aquí no tienen aquí la planta, cuando la sembraban en Claypole, pudieron cosechar muchas semillas y traerlas a Córdoba. Por otro lado el cuidado de sus dedos, al realizar el armado, debe ser óptimo puesto que ellos son su instrumento de lectura cuando utilizan el sistema Braile.
Silencio y sencillez en movimiento
Es novedoso enterarse de todo lo que hacen y que sus vidas no se reducen para nada al sedentarismo o a la quietud. Ellas son muy activas pese a sus limitaciones y un estilo de vida que le son propios.
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